Una figura alta y delgada apareció en la cubierta del trasatlántico. Un traje oscuro, sin sombrero, dos maletas y cuatro céntimos en su haber. Así llegó Nikola Tesla a Nueva York en junio de 1884. Traía una carta de recomendación de su jefe en París, destinada a Thomas Alva Edison. No tardó Tesla en entrar a trabajar con el gran inventor, pero en el futuro ambos se enfrentarían en la llamada Guerra de las Corrientes.
El espigado serbio no ocultó su admiración por el Mago de Menlo Park. Edison llevaba ya años en la cúspide como inventor y empresario. Era uno de los hombres más famosos de la época, y Tesla ya había trabajado para su empresa en Francia. Con la recomendación de por medio, enseguida entró como electricista en uno de los talleres de la Edison en Manhattan.
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La promesa
Hay una historia, o leyenda, que no está muy clara. Según la versión de Tesla, en 1885 Eidson le dijo que, si podía rediseñar y mejorar uno de sus generadores de corriente directa, le daría un bonus de 50,000 dólares. No hay razón para dudar al joven electricista, sin embargo, los que conocían a Edison, sabían que era muy poco generoso con los salarios. Además, la empresa no tenía en esos días tal capital.
A las pocas semanas, Tesla cumplió con su parte del reto, y cuando fue a exigir su recompensa, Edison le habría dicho que lo de los 50,000 había sido una broma. Por lo visto – dijo el patrón al empleado – no entiendes el humor estadounidense.

Thomas Edison, por Abraham A. Anderson, óleo, 1889
Un tema muy complicado. Tal cosa, como supuestamente le habría dicho Edison a Tesla, no existe en el “humor estadounidense”. Con el dinero no se juega en ese país. Tampoco creo que Tesla haya mentido abiertamente, más bien pudo haber sido un problema de comprensión lingüística. Pero eso es sólo mi opinión, probablemente nunca conozcamos la verdad.
En cualquier caso, Tesla estaba decepcionado, y en ese mismo momento renunció a su puesto en la Edison. Él podía solo.
Tesla Electric Light & Manufacturing
Ese fue el nombre elegido para la empresa fundada entre el serbio y dos inversores neoyorquinos. Su misión fue instalar sistemas de iluminación de arco eléctrico, el acostumbrado por esos días. Era un negocio naciente, y con muchas posibilidades.
Pero Tesla estaba más interesado en la investigación y en el desarrollo de nuevos sistemas. En esa época, diseñó algunos de sus primeros motores, y un dínamo, que le dio su primera patente en Estados Unidos. No obstante, la divergencia de intereses terminó pronto con la sociedad. Tesla también perdió los derechos de su patente, que había legado a la empresa.
Desempleado y sin mucho dinero, el invierno de 1886-87 fue muy duro para el ingeniero. Tan mal lo pasó que terminó cavando zanjas para enterrar los cables de la empresa Edison. Años después contó su frustración al sentir que todos sus estudios y sus amplios conocimientos no le estaban sirviendo de nada.
Una nueva oportunidad
El destino volvió a sonreír a Tesla. Aquel invierno conoció a dos nuevos inversores. En abril de 1887, los tres fundaron una empresa donde el electricista se puso a trabajar. Lo mejor es que llegaron a un acuerdo de reparto equitativo con el que todos estuvieron conformes: un tercio de las ganancias irían a los bolsillos de Tesla, otro tercio a los de Alfred S. Brown y Charles F. Peck, sus nuevos socios, y el resto se reinvertiría en investigación y desarrollo.
Ese mismo años Tesla construyó un motor de inducción que funcionaba con Corriente Alterna en lugar del típico motor impulsado por Corriente Directa. La diferencia era que, con la primera, se podía trabajar con voltajes más altos, y a una distancia más lejana de la fuente de energía.
Tesla dijo que la idea de dicho motor se le había ocurrido cuando trabajaba en Francia. Al llegar a Nueva York, la había abandonado ante la insistencia de Edison de usar Corriente Directa.
Esta diferencia sería la base para el conflicto tecnológico más importante del siglo XIX, y uno de los más consecuentes de la historia.
La Guerra de las Corrientes
El uso de la Corriente Alterna, (AC por sus siglas en inglés), no era nada nuevo. Tanto en Europa como en Estados Unidos varias empresas trabajaban con ella. La ventaja más importante era que se podía transportar a mayores distancias y con mayores voltajes que la Corriente Directa
(DC). Sin embargo, tenía sus contras.
Precisamente por trabajar con mayores voltajes, era algo más peligrosa. Además, hasta mediados de la década de 1880 nadie había podido construir un motor que funcionara con AC, sin problemas. El motor de Tesla lo cambió todo.
En 1888, unos ingenieros de la Westinghouse Electric fueron testigos de una demostración del motor de Tesla, y pronto informaron a su jefe. George Westinghouse llevaba tiempo buscando algo parecido. Incluso ya estaba en negociaciones con el italiano Galileo Ferraris, que tenía su propia versión del motor de inducción.
Al final, Westinghouse eligió la patente de Tesla, y se la compró a él y a sus socios. Además, el empresario ofreció al ingeniero la fabulosa cantidad de 2.50 dólares por cada caballo de fuerza producido por sus motores, y le contrató por un año como asesor al ritmo de 2,000 dólares mensuales. Ambas cantidades eran una fortuna para la época, y tuvieron mucho que ver con el futuro de la compañía, y de Nikola Tesla.
La competencia
En aquellos años, Thomas Alva Edison era una superestrella. Desde 1869, había encadenado una serie de patentes tan prácticas como célebres: el fonógrafo, el micrófono de carbón, y claro está, la primera lámpara incandescente comercial. Tenía sentido que también entrase en el negocio de producción y distribución de electricidad, y así lo hizo.
El problema es que Edison adoptó la Corriente Directa para sus generadores. Y no es que fuera algo malo per se, sino que tenía muchas limitaciones. Por ejemplo, para mantener el voltaje, los generadores no podían estar muy lejos del consumidor, lo cual obligaba a Edison a construir muchas plantas de energía. En 1885, sólo en Nueva York tenía 22. Caro e impráctico, pero era Edison.
La AC tenía sus defensores, pero no fue hasta el invento del motor de Tesla que se le vio como una posibilidad funcional. Además, Tesla estaba inventando otros artilugios para mejorar la distribución. Por ejemplo mejoró un transformador para permitir el transporte de electricidad a cierto voltaje, y bajarlo o subirlo dependiendo de las necesidades del consumidor. Los hogares necesitaban poco voltaje, las fábricas mucho más.
Edison no iba a quedarse con las manos cruzadas, y declaró la Guerra de las Corrientes a sus adversarios.
Juego sucio
La Guerra de las Corrientes que no fue nada corriente, hay que decirlo. A decir verdad, fue bastante sucia, como suelen ser las guerras. Pero no lo hubiese sido si Edison hubiese aceptado su derrota cuando vio la evidencia.
Cuando Westinghouse se hizo con las patentes de Tesla, comenzó a construir sus propias plantas, y a competir con Edison. La primera reacción del último fue decir que la AC era menos fiable, y más peligrosa. Para demostrarlo, Edison contó con un aliado.
Harold P. Brown era un electricista autodidacta. Entre 1876 y 1884 trabajó para varias empresas del naciente campo de la electricidad, para luego abrir su propia consultoría. En 1888, Brown saltó a la fama cuando se destacó como uno de los más ardientes enemigos de la AC, y defensor de la DC.
En realidad brown se hizo famoso por hacer diversas demostraciones en las que “probaba” que la AC era peligrosa. Para ello, electrocutaba animales en vivo y a todo color, frente a los curiosos. Brown también fue el primer promotor de la silla eléctrica, la cual debía usar AC, pues así podría equiparar a la Corriente Alterna con la muerte. Era juego sucio, pero en la Guerra de las Corrientes todo se valía. Eso sí, funcionó sólo por un tiempo.
Descubrimiento importante
El tramposo cae al pozo. En agosto de 1889, un periódico neoyorquino publicó unas cartas que demostraban que Brown estaba trabajando para Edison. No sólo recibía asesoramiento de cómo llevar a cabo la campaña, también los fondos. La silla eléctrica había sido una idea de Edison, y la electrocución de los animales, perros, caballos y hasta un elefante, fue la idea de un empleado de la Edison Electric.
Como decía, la campaña funcionó por un tiempo. La gente creyó la premisa de que la AC era más peligrosa por naturaleza que la DC. Mientras tanto, Westinghouse y Tesla hacían lo posible por demostrar lo contrario.
Cuando la Guerra de las Corrientes llegó a los tribunales y a la prensa seria, se demostró que Brown había hecho trampa en la electrocuciones de animales, utilizando siempre un voltaje más alto con la AC que con la DC. Poco a poco, la opinión pública, y la empresarial, comenzó a decantarse por la Corriente Alterna.
Victoria
En 1893, surgieron dos puntos de competencia en los que se decidiría el resultado final de la Guerra de las Corrientes. El primer campo de batalla tuvo lugar sobre la Exposición Universal Colombina de Chicago. Sus organizadores querían demostrar el poder de la electricidad como símbolo del progreso, y convocaron a las compañías eléctricas a un concurso.
Para entonces muchas de las pequeñas empresas se habían fusionado, algunas con Edison Electric, y otras con la Westinghouse. La polarización AC/DC no podía ser mayor. Las rivales hicieron sus ofertas, y al final, fue la Westinghouse, con un proyecto medio millón de dólares más económico, la que se llevó el gato al agua.

La sede de la Expo en Chicago, iluminada por Westinghouse.
Lo mismo sucedió con el proyecto para domar la energía de las cataratas del Niágara. La Westinghouse, con las patentes y las mejoras de Tesla, ganó el contrato y construyó la planta de generación eléctrica diseñada por él. Por cierto, el inventor serbio era el único que creía que podía funcionar, y tuvo razón.
La Guerra de las Corrientes había terminado. Westinghouse, Tesla y la AC, se alzaron con la victoria sobre Edison Electric, T.A. Edison, y la DC. Por si fuera poco, los directores de la Edison Electric decidieron apartar a su fundador por obsesionarse tanto con la DC. Edison Electric pasó a llamarse General Electric.
A la Westinghouse no le fue mejor. Debido a los altos gastos contraídos en los dos grandes contratos, y las licencias que debía pagar a Tesla, quedó al borde de la bancarrota. Sobrevivió a la Guerra de las Corrientes, pero nunca pudo aprovecharse de su bien ganada victoria.
Mañana la tercera parte: Nikola Tesla, el científico loco.
Muy buen artículo, felicitaciones!!! Saludos
Muchas gracias Javier!
Hacemos lo que podemos, dentro de nuestras limitaciones. Eso sí, pasión nos sobra… 😉
Un cordial saludo!
Jesus…claros y explicitos tus blogs..siempre disfrutando d incorporar y afinar conocimientos..gracias x tu tiempo y humildad..ale varela.
Hola Ale,
muchas gracias por tus amables palabras, me siento halagado. Tengo que decirte que yo también disfruto aprendiendo y divulgando estos trocitos de la historia. Espero poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo.
Muchas gracias y un saludo!
Soy seguidor de Tesla
Somos muchos amigo Gerardoy! Fue un gran científico, y la civilización le debe mucho. Además, sospecho que su figura sólo se engrandecerá con el tiempo.
Un saludo!
Hola Gerardoy, bienvenido al club! Creo que Tesla es en la actualidad uno de los inventores/científicos más populares y queridos. Será por el hecho de que lo tuvimos tanto tiempo olvidado, o por su personalidad tan estrambótica. Me hubiese encantado conocerlo, pero bueno, a quién no…
Muchas gracias amigo por comentar. Un abrazo!
Cuando la tercera parte mister. Saludos desde Perú
Hola Andre,
no prometo nada, pero intentaré buscar otra historia relacionada. creo que Tesla da para mucho, y algo interesante encontraré.
Muchas gracias por leer y comentar.
Un cordial saludo.